El tiempo en Valencia

martes, 16 de noviembre de 2010

PERDIDO

Perdido ante una hoja de papel en blanco, como en un desierto hostil, como en una llanura nevada. Perdido ante la inmensidad del cielo. Perdido en la oscuridad de la noche, en la espesura del bosque, en el transcurrir del tiempo, en la inmensidad del mar. Perdido. Perdido en el misterio de la vida, en la soledad del alma, en el desasosiego del espíritu, en la mirada infinita. Perdido. Perdido en la ansiedad, en la desidia, en la desesperanza. Perdido en la impotencia, en el olvido...
Voces de fondo, un entrevistador,
que no quiero esuchar.
Tensión en la cabeza,
mil cosas al azar
dispersas en la mesa.
Papeles, artilugios,
que se niegan a hablar.
Palabras, más palabras
que quisiera olvidar
y comenzar de nuevo.
Nada tiene sentido,
mañana, Dios dirá.

viernes, 12 de noviembre de 2010


Bueno, un día más. Un día más pero diferente a todos. Cada día es diferente, incluso los que tildamos de rutinarios. La misma rutina tiene sus variantes. No me he levantado muy temprano, eran las 8:15 a.m. Como todas las mañanas preparé el desayuno, café con lecha, zumo de naranja, galletas, cereales kellogs, nueces, miel, mermelada, tostadas. Acabado el desayuno tomé la decisión de apurar los membrillos que me quedaban para hacer dulce o carne de emembrillo. Los lavé, corté y pesé. En total un kilo y medio que puse a cocer durante diez minutos. Transcurridos los diez minutos los puse en agua fría y nos fuimos a caminar. Como casi todos los días fueron 55 minutos de marcha a buen ritmo. Al regresar a casa pelamos los membrillos, los volví a pesar y después de triturarlos les añadí la cantidad correspondiente de azúcar poniéndolos de nuevo al fuego y trabajándolos durante una hora. Resulta muy pesado el estar durante una hora dándole vueltas sin parar, para que no se pegue ni se queme. Transcurrida la hora echamos el membrillo en una bandeja y fin del proceso.
A continuación me duché y nos fuimos a tomar una cerveza con mis antiguos compañeros. De regreso a casa degustamos el rape a la marinera que había preparado antes de irnos. Estaba buenísimo.
Por la tarde pasamos un rato, con nuestro nieto, en el parque. Y después de visitar a mi madre nos fuimos a la presentación del libro "El dedo de Dios".
Volvomos a casa y después de cenar me senté al ordenador y aquí sigo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

OTOÑO





Estamos en el esplendor del otoño, el campo se viste de grana y oro, la tierra descrubre sus secretos, colores y aromas exclusivos: la flor del azafrán, de las tierras manchegas; los níscalos, de la sierra conquense y los membrillos, con su olor penetrante, inconfundible. De ellos obtenemos los más exquisitos manjares: Dulce de membrillo, níscalos a la plancha o el azafrán tostado. El dulce de membrillo me salió superior y los níscalos sabían a gloría.

OTOÑO
Del otoño, hojas secas.
Mil colores ocultan y atesoran,
mil colores que esconden
y eclosionan,
en raudales de luz
dulce y serena.
Con aroma y esencia de membrillos,
con colores de miel
dulce y brillante.
Con reflejos de oro,
transparencia de tules y cristales.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El último baño en la playa


Hoy ha sido, seguramente, mi último baño de la temporada. Un día espléndido. Un sol brillante y cálido inundaba la playa casi desierta. La arena cálida, el cielo luminoso, el agua azul turquesa, fría y agradable. Las olas batían la orilla y dejaban una mar en calma . Olas que rompían en mi cuerpo hundido hasta la cintura; más allá era la calma, y una línea lejana, cual una pincelada unía cielo y mar. Unas brazadas mar adentro hasta tocar el cielo con las manos y un volver a la orilla dejando el horizonte abandonado. Volver a sumergirme en las azules aguas, avanzar mirando al cielo cara a cara; y al flotar vertical, en un segundo apenas, sentí desorientado la inmensidad del mar. Más tarde, al hacer pie, noté no responder a mi mandato de caminar erguido. Una vez en la orilla, mi cuerpo seguía abandonado por una mente ausente. No sentí frío, sólo una insensible tibieza. Logré asentar mis pies sobre la arena, recuperé la calma y tumbado sobre la tibia arena cerré lo ojos y escuchando el sonido de las olas permanecí en silencio.

lunes, 18 de octubre de 2010

Subida al Monte La Copa


Hemos terminado nuestra segunda escapada, después de 39 años. Ha sido una semana de actividad física y relajación mental. Realizando senderismo, cada mañana un itinerario diferente. El de la foto es la subida al Monte La Copa, de 843 metros, por un sendero difícil y escarpado para nuestra edad. Por la tarde natación en la piscina cubierta del hotel, sesión de técnicas en la balneario y sauna. Para terminar con el menú degustación de caza y setas, aprovechando la semana gastronómica de Montanejos.